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jueves, 31 de diciembre de 2009

Centros comerciales... ¡tengan piedad!


Hoy quiero dedicarle el post a los trabajadores de los centros comerciales porque, sobre todo en estas fechas, despiertan a mí toda mi compasión por sufrir, día tras día, la tortura de escuchar por los cuatro costados los mismos putos villancicos durante ocho o más horas de los seis o más días de las tres o más semanas de las Navidades. Tremendo.

Quizá yo sea un caso extremo, lo reconozco, pero sólo pensar en tener que vivir esa experiencia se me ponen los pelos como escarpias. No lo soporto. No soporto ir a comprar y, vayas donde vayas, estar acosado por unas canciones que por la propia salud de sus oyentes tenían que estar prohibidas. Y no, no me vengan ahora los defensores a ultranza de la Navidad diciéndome que soy una antisocial. Mis opiniones al margen, no tiene que ver con esto, hablo de salud, de salud mental. No hablo de quitar las canciones de Navidad, hablo de hacer una selección decente, que no atente contra la salud acústica de los presentes y que no raye el maltrato a los pobres trabajadores que cada hora vuelven a escuchar el mismo puto villancico de todos los putos años.

Señores encargados de poner la música en los centros comerciales: existe música navideña más allá de Blanca Navidad, A Belén Pastores o Campana sobre campana. Sólo hay que buscarla, hacer una selección de unas cuantas horas sinnecesidad de maltratar a sus trabajadores. Luego se extrañarán de que se pongan de baja por locura transitoria. Lo raro es que sea sólo transitoria.

viernes, 16 de octubre de 2009

Los Villancicos de Dylan

bob-dylan
Se acerca la Navidad (¡sí, cada año se acerca antes!) y con ella los inevitables discos de Villancicos que tanto adoro (léase con ironía).

Pues este año es Bob Dylan es el que nos sorprende con un disco lleno de estas cansinas melodías. Un disco que nadie sabe si se trata de algo serio o de una broma de Dylan dado el extraño sentido del humor que se gasta. Los villancicos no es algo que pegue demasiado con la figura de Dylan y mucho menos con la de sus seguidores. Pero como siempre digo yo, desde que le vi frente al Papa, estoy curada de espantos.

Y aquí está Christmas in the heart, Adeste Fideles incluido, una estrambótica colección de temas navideños y cuyos beneficios están destinados a organizaciones caritativas. No sé yo si algún niño no sufrirá algún trauma oyendo El tamborilero cantado desde la sarcástica y cascada voz del maestro. Eso sí, dado que el fin es loable, espero que recaude más de lo que puedan imaginarse.

Vía. EL País

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